El tigre y el diablo

El tigre y el diablo

<<Yo tengo dos caminos después del 1 de julio: Palacio Nacional o Palenque, Chiapas. Si hay fraude entonces se soltará el tigre y no voy a detenerlo>>

Agregó que de perder la elección presidencial no impugnaría la decisión, más bien sería el mismo pueblo quien se vuelque contra las instituciones mexicanas.

Esta amenaza, delicada y peligrosa, de Andrés lanzada durante su intervención en la 81 Convención Bancaria de Acapulco, Guerrero, fue seguida de otra advertencia en el sentido de que enviaría una iniciativa de ley para modificar el artículo 108 de la Constitución, a efecto de que se pueda juzgar al presidente en funciones por delitos de corrupción.

Las reacciones a las amenazas con tintes violentos de Andrés fueron inmediatas, mismas que abrieron varios frentes contra el tabasqueño, el académico, el intelectual, el financiero, el bancario, los inversionistas directos, la bolsa de valores, los partidos políticos, las organizaciones sociales, la clase media, etcétera...

Tiempo después, incluso, tres días antes de la elección del 1 de julio, la propaganda política agresiva de Andrés se modificó ante la presión que desató el error cometido por no haber calculado el efecto de comentarios fuera de lugar, como lo fue La 81 Convención Bancaria de Acapulco, Guerrero.

En consecuencia, los spots de Andrés dieron el viraje para detener el daño a su imagen y que no metería a la cárcel a ningún político del gobierno saliente, incluyendo a Carlos Salinas.

“Amor y Paz! Exclama Andrés con el mayor cinismo.

Y como si el error político no hubiese dejado huella, la señora Citlali, presidenta Morena, “vacunó” la elección presidencial advirtiendo amenazante, soberbia, como es su estilo, “que si hay sospechas de fraude en la elección”, “aunque Andrés no se meta, yo si me meto” y “se les va a aparecer el diablo”.

Vaya con la señora, que no se ha dado cuenta que el México del presente no es el país que gobernaron los Ávila Camacho. Que las amenazas deben y pueden ser sancionadas severamente, sobre todo, cuando se cometen contra las instituciones legalmente establecidas y a las que su jefe amenazó con violentarlas sino ganaba la elección, pero que al darse cuenta del error político que había cometido dio marcha atrás.

Ofenden a la nación las amenazas de la presidenta de Morena, toda vez que la soberbia no le permite ver que México no es solo de Andrés sino de todos los mexicanos.

Citlali disparata al amenazar como si estuviera al frente de las suficientes divisiones de choque como para asaltar el poder por la fuerza y doblar a las instituciones de gobierno a entregar el poder para entregárselo al hombre de Macuspana.

Así se entienden las amenazas del tigre de Andrés y el diablo de Yeidckol. ¿En que país creen que viven?

“Andrés ya ganó; la votación solo es un tramite”, aseguró Citlali a José Cárdenas cuando todavía 82 millones de mexicanos no han votado. Así de soberbia la Diabla de Morena.

México es de todos los mexicanos y de los que han inmigrado, es de todos los que respetan y lo sirven trabajando, estudiando, formando familias para tener un país civilizado, no tropical y de machete. Eso ya paso, quedó atrás cuando México se inventaba construyendo la independencia, la Reforma, la Revolución y el México Institucional.

Hoy es hoy, no el pasado al que Andrés aspira regresar, ese pretérito en el que Citlali vive amenazando con aparecer al diablo y causar infiernos incendiando instituciones, como si no hubiese leyes que las protegen; como si no existieran fuerzas políticas capaces de contener con la ley en la mano a los jinetes apocalípticos que amenazan con cabalgar en las calles instando a sus divisiones a tomar por asalto el poder.

Instar a la violencia, amenazar al gobierno establecido es grave y delicado error político, porque insta al miedo y a la inseguridad a fin de que el grueso de la población no acuda a las urnas para emitir su voto.

Votar es lo correcto porque es un derecho, porque es la oportunidad que los mexicanos tenemos para elegir a los gobernantes que más convienen al país, no al que dicen las encuestas que son fotografías de un instante.

80 millones de mexicanos podrán ejercer su derecho al voto en breve; 80 millones que no han dicho por quienes van a votar. ¿Como entonces, cifras que incluyen a unos cuantos cientos de ciudadanos podrían ser indicadores de los ganadores el 1 de julio?

La verdadera, la auténtica cifra en la que debemos creer será la que resulte del recuento de las boletas   sufragadas en las 156 mil casillas instaladas por el Instituto Nacional Electoral a lo largo y ancho del país, aunque se desate el tigre y se aparezca el diablo que, en estos tiempos, ni a los niños asusta.

@luis_murat

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